Redacción Quadratín Debate
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Héctor Tenorio/Quadratín Debate

 

Morelia, Mich., 13 de septiembre, 2018.- La I Conferencia Tricontinental que se celebró en La Habana entre el 3 y el 15 de enero de 1966, estuvo encabezada por el comandante Fidel Castro, en un receso, él se acercó a un reducido grupo de mexicanos y les explicó que una de las principales diferencias entre ambos países consistía en que México contaba con una larga tradición constitucionalista.

 

Es necesario contextualizar las palabras del finado líder revolucionario y remontarnos al final de la guerra de independencia de Cuba contra España, en la cual, los Estados Unidos contribuyeron a concretarla. En ese entonces, Washington convenció a La Habana de anexar a su Constitución de 1901, la Enmienda Platt que le permitía al gobierno estadounidense ejercitar el derecho de intervenir para preservar la precaria independencia.

 

Además obtuvo derechos a comprar o arrendar determinadas partes del territorio cubano y establecer bases navales y carboneras. Dos años más tarde, ambas naciones suscribieron el convenio para las Estaciones Carboneras y Navales que incluyó la Bahía de Caimanera en Guantánamo. En  1933 la Enmienda Platt fue derogada.

 

Al triunfo de la Revolución Cubana se decretó la Ley Fundamental, que en lo esencial se apoyó en la Constitución de 1940, aunque tuvo continuas transformaciones sustanciales. Sería hasta el 24 de febrero de 1976 cuando se aprobó un nuevo texto constitucional, sufrió tres enmiendas, la última en el 2002.

 

Generaciones enteras crecieron y entendieron el mundo a partir de ella: Los hombres que hicieron la revolución fallecieron o se alejaron del poder. Los opositores envejecieron en el exilio. Incluso Estados Unidos bajo la presidencia de Barack Obama cambió su política exterior hacia la isla, el embargo comercial pareció que llegaría a su fin, pero con la llegada al poder de Donald Trump, todo se frenó y se  aplicará un año más esa medida.

 

Tal situación provocó una profunda reflexión en la sociedad cubana que los llevó a impulsar una nueva Carta Magna, el ante proyecto fue analizado y aprobado por la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) el 22 de junio pasado. Se propone mantener once artículos, modificar 113 y eliminar 13. Además de que se incorporan nuevos títulos y capítulos En abril del 2019 prevén su aprobación por referéndum, entre diez y quince años podría mantenerse vigente.

 

Cabe precisar que para realizar una reforma constitucional no es necesario convocar a una asamblea constituyente pues la constitución en su artículo 69 establece que la ANPP es el órgano supremo del poder del Estado. En el 70 establece al poder legislativo como único órgano de potestad constituyente y legislativa en ese país. El proyecto contiene artículos polémicos

 

Quedará modificada la actual concepción del matrimonio y este podrá ser entre dos personas del mismo sexo. Claro, esto ha traído un debate en la sociedad y eso que todavía falta ver la reacción de la iglesia. También se admitirá la doble ciudadanía y se propondrá el principio de ciudadanía efectiva reconocido en el derecho internacional que consiste en que los cubanos en su país se rigen por esa conducción y no puede hacer uso de una ciudanía extrajera. Se implementará una nueva estructura estatal que conlleve a tener un Estado y Gobierno más funcional, acorde a la modernidad presente.

 

Se definen como un Estado socialista de derecho, el concepto de comunista se deja a un lado, cuestión que no es menor, algunos comunistas mostraron su preocupación. Aunque el partido único continuará. El pluralismo político deberá esperar a que Estados Unidos sea menos hostil. Ratificarán los principios de soberanía e independencia; de igual forma los conceptos de dignidad, ética, equidad. Garantizará la salud, la educación, el deporte, la seguridad social y la defensa del medio ambiente. Tampoco habrá variaciones en la política cultural y científica. Quedará a buen resguardo la identidad cultural, la conservación del patrimonio y la riqueza artística e histórica.

 

El sistema económico no variará, mantendrá como principios esenciales la propiedad del pueblo sobre los medios fundamentales de producción y la planeación de la economía. Sin embargo, añadirán el reconocimiento al papel del libre mercado y de nuevas formas de propiedad no estatal, incluida la privada. Buscaran evitar las desigualdades sociales en la medida de lo posible.

 

En materia de política exterior se incorporará la promoción del respeto al derecho internacional y a la multipolaridad entre las relaciones de los Estados. Se condenará al imperialismo, al fascismo, al colonialismo, al terrorismo de Estado. Se repudiará cualquier manifestación de racismo o discriminación.

 

Llama la atención que el debate se nutre de las opiniones de los cubanos que viven en la isla como los que están afuera. Es sintomático, La Habana es un hervidero de ideas que apuntan al futuro, mientras que en Miami reina el silencio. Con esta última estocada perderán todas sus banderas.