Emiliano Pérez Cruz
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Emiliano Pérez Cruz/Quadratín Debate

Nezahuacóyotl, 19 de octubre, 2016.- Mediante las transmisiones de la radio y la televisión vaticana, la grey católica siguió paso a paso la ceremonia en la que el Papa Francisco canonizó a siete personas, entre ellas a un mexicano: el niño José Sánchez del Río, nacido en Sahuayo, estado de Michoacán, el 6 de febrero de 1913 y muerto, se dijo en el evento, en defensa de su fe durante la guerra cristera, víctima de un régimen violento anticristiano.

Fue el vigésimo noveno domingo del tiempo ordinario, 16 de octubre de 2016. Con la presencia de José Sánchez del Río, México cuenta ya treinta y dos santos, y de ello se entera el mundo gracias a las 40 lenguas en que la Radio Vaticana transmite. Y en la atestada plaza de San Pedro, Roma, los feligreses, católicos en ejercicio de su fe, escuchan al Papa Francisco, representante del dios católico en la tierra, decir:

–Escribimos sus nombres en el Libro de los Santos, estableciendo que en toda la Iglesia ellos sean devotamente honrados entre los santos…

Con este acto, la iglesia mexicana se fortalece. Es bien sabido que aún goza de las preferencias de los creyentes, pese a la reñida competencia de otras religiones: más de 80 por ciento de la población en nuestro país se considera católica, “lo cual implica que 17.3% no lo es, pero no por ello deben tener limitaciones ni condiciones de marginación”, indica la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, publicada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.

En la misma publicación nos enteramos que la diversidad religiosa mexicana se centra básicamente en el cristianismo: alrededor de 10% de las personas que profesan una religión se identifica con alguna iglesia cristiana diferente a la católica.

“Hay además otras minorías, como el judaísmo y el islam, incluso en México hay personas budistas, hinduistas, sijes, bahais, entre otras, que no por tener pocos adeptos deben quedar excluidas. Es de destacar… que 4.6 por ciento de mexicanos y mexicanas declaró no tener religión alguna, y no por ello deben sufrir alguna discriminación”.

El llamado antidiscriminatorio de la Conapred, por desgracia, no tiene oídos atentos entre la jerarquía católica. Sus llamados para manifestarse en contra de los derechos de la comunidad lésbico gay y de otros grupos con preferencias sexuales diferentes, tuvieron eco entre sus adeptos y los medios reportaron durante septiembre marchas en 120 ciudades y plazas de todos los estados del país.

En el Atlas de la diversidad religiosa en México, publicado por la Secretaría de Gobernación, se asienta que, “de acuerdo con los censos de población, los cuales son la única fuente de datos estadísticos nacionales para este tema, el catolicismo ha reducido su margen mayoritario, mientras que otros credos religiosos han incremento el número de sus creyentes, en particular las propuestas cristianas diferentes a la tradición católica, al igual que la población sin religión alguna”.

No es promoviendo la confrontación como la iglesia católica mantendrá su preeminencia entre los mexicanos, no dispuestos ya a esperar la justicia en el cielo, si en la tierra es posible luchar para hacerla posible. Aires de renovación soplan. Las sotanas deben, también, permitirles el paso.