Fabian Bonilla Lopez
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Fabián Bonilla López/Quadratín Debate

 

CDMX, 14 de septiembre, 2018.- Es lento el arribo de los contingentes y de quien por su cuenta llega a las inmediaciones del Museo Nacional de Antropología. Desde estaciones previas y en la misma parada del metro Auditorio la policía capitalina monta pequeños retenes pero aun así los grupos que para hacerse fuertes gritan consignas y porras que se amplifican al interior de los andenes y túneles.

 

Son las cuatro de la tarde, la hora convenida para el inicio de la marcha pero aún circulan automóviles y autobuses de doble piso sobre Reforma. 

 

La lluvia cae discontinua pues los árboles aminoran la caída por su alto follaje. La venta de capas de plástico se une a la de banderas, pañoletas y hasta máscaras de “anonymous”. Los contingentes empiezan a ocupar su lugar en la columna que empieza a moverse.  En la vanguardia va colectivo del CCH Azcapotzalco, detrás de ellos, el histórico pero cada vez más disminuido, Comité del 68 y luego los Padres de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.

 

También se van integrando las universidades y demás centros de enseñanza que acompañan. Pasa el contingente de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, algunos de ellos y ellas, minutos antes en el vestíbulo del Museo de Antropología, se  pronunciaron. Condenaron la violencia contra jóvenes estudiantes, leyendo un pliego petitorio, además pidieron a las autoridades que se establezca un diálogo para atender sus demandas. Cargados de atrevimiento los “enahnos” gritan divertidos: ¡en la ENAH se queman porros!

 

Al final se encuentran los grupos conformados por las Facultades que están en Ciudad Universitaria y otros movimientos sociales. Una voz enérgica  al interior de ciertos  contingentes apaga porras y consignas, es la “marcha del silencio”, señalan. Sin embargo, desde uno de los equipos de sonido se aclara que no fue acuerdo de asamblea el que fuera la movilización silente, así que se deja a los contingentes el mantener o no callada su marcha. Una pancarta en tres lenguas originarias se abre paso y se traduce como: La dignidad se hace marchando.

 

La lluvia es intermitente, así como los gritos y la música de batucada. La consigna de fuera porros de la UNAM se combina con la memoria viva del 68. Lo que hace que la columna sobre Reforma sea de todas las edades y de todos los colores. Hay rostros serios y otros joviales.

 

En una charla de dos amigos, uno le cuenta al otro su paso fugaz por un grupo porril, precisamente  el del CCH Azcapotzalco, y hace como que grita su otrora consigna de lucha: ¡Asesinos, matones y capos, asesinos, matones y capos, arriba, arriba, Azcapo!

 

Al final los dos se ríen, cuántas historias de universitarias y universitarios no están marcadas por los llamados porros, desde enfrentamientos hasta enamoramientos.

Por fin el Zócalo, con sus preparativos para el festejo patriotero, recibe a la marcha. A esta altura ya no se sabe si el silencio es por la conmemoración o por el cansancio.