Fabian Bonilla Lopez
-A A+

Fabián Bonilla López

 

CDMX, 11 de febrero, 2018.- Día a día los agravios se acumulan y el enfado –el “enojo social extendido” lo llamaría Peña Nieto– debe salir por una vía, antes de que se quede encerrado y produzca en nuestros propios cuerpos más daños que los que ya generan la violencia, la discriminación y el racismo.

Por lo que te pregunto a ti, estimada lectora y estimado lector: ¿acaso hay otra forma de sacar tanto encono sin agraviar al otro? ¿Sin usar expresiones ofensivas que caen, una vez más, en la violencia, la discriminación y el racismo? Este fenómeno es como una serpiente que se muerde su propia cola. Las redes sociales socio-digitales y otros espacios mediáticos son los espacios donde se expresan todo el tiempo. Veamos ejemplos concretos.

El medio digital Regeneración recuperó una información que circuló en redes sociales en Chihuahua, donde se puede leer: “Durante un encuentro, realizado en el piso 18 de la torre legislativa, en el Centro Histórico de la capital, los rarámuris fueron escuchados mientras los diputados desayunaban” (6/02/2018).

Un video desde el lugar de los diputados demuestra el acto de exclusión realizado de quien forma parte del poder estatal (ese mismo poder que hizo una Marcha por la Dignidad (sic), acompañada de flamantes figuras de la política y los derechos humanos). Y aunque hubo una disculpa, sí una sola disculpa, la de un diputado: “reconozco que fue un acto vergonzoso”, dijo uno de los legisladores que se encontraba en el encuentro y en el desayuno privado. Ante esto no tardaron los insultos y las injurias a través de los comentarios por parte de quienes se mostraron agraviados desde sus dispositivos tecnológicos.

Algo similar sucede en el actual número de la revista Chilango (02/2018), donde el hermano Mardonio Carballo en relación al racismo escribe: “Discriminación que parte de una ideología, creencia o prejuicio que otorga o niega virtudes o defectos a partir de la pertenencia a un pueblos, etnia o color de la piel. Del nacimiento a la tumba serás lo que la sangre ha determinado. Error. Hay de todo en los diferentes pueblos que conforman el mundo. Hijos de la tiznada hay en todos lados. Buenas personas también”. Aquí Carballo usa la expresión de “hijos de la tiznada” como un insulto.

Por lo que es lícito preguntarse de dónde proviene esa frase de “hijos de la tiznada”. De inmediato advertimos el desplazamiento a partir de la expresión “hijo de la chingada”, que como se sabe refiere a una suerte de madre simbólica: la violada por el padre colonizador (mistificación del mestizaje); a la que se chingaron en una bifurcación de sentidos, tanto como derrota pero también como violación. Por eso también existe la relación de este dicho con La Malinche, ella podría coagular en los términos de la “chingada” o de la “tiznada”.

Pero esto no se queda aquí, pues también hay una referencia que la “tiznada” tiene su origen en la conversión masiva al cristianismo. Por medio de uno de sus ritos, el cual consiste en marcar la frente con ceniza (tiznar) el símbolo de la cruz, precisamente los miércoles de ceniza. Y quizás cabría la posibilidad de pensar que los cristianos convertidos y el resto de los mestizos fueron ocupando, poco a poco, el lugar de los “hijos de la tiznada”.

Por último, “tiznar”, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, refiere a “manchar con tizne, hollín u otra materia” pero también “oscurecer o manchar la fama o la opinión”. Y una vez más caemos en la trampa del racismo al darle un sentido negativo a todo lo que refiere con lo oscuro o con la negritud. La serpiente se devora ella misma.