Redacción Quadratín Debate
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CDMX, 16 de julio, 2017.-En la actualidad nos encontramos de cara con la emergencia de un nuevo ciclo de auge minero metalífero en la geografía de nuestro país. Un mapeo etnográfico nos ofrece un paisaje desolador de esta industria. El nuevo escenario minero está ligado históricamente a otros momentos de extracción y despojo, sin embargo, en la actualidad existe frente a esta voracidad extractiva una respuesta a favor del medio ambiente, de la “madre tierra”, que se puede desplegar en el plano jurídico, pero también en la movilización social, encabezada por las naciones originarias.

 

El despojo y la explotación requieren ponerse la piel de cordero. Por lo que la industria minera para poder introducirse y llevar a cabo su actividad de extracción en este nuevo ciclo requiere mecanismos de intervención mediática. La publicidad pro-minera –de los gobiernos y de las empresas- inunda hasta la saturación el diversificado campo semiótico que construye nuestro horizonte de sentido. Recordemos lo que hace Grupo México con su cadena de cine. La sexta cadena de cines más grande del mundo: Cinemex.

 

Sin embargo, en el suroeste mexicano algo está sucediendo. Por ejemplo, en el norte Chiapas, en la región zoque ha surgido un movimiento opositor. Quienes ha dicho que “(…) nos hemos organizado en un movimiento indígena de resistencia y de defensa de la vida y la madre tierra para hacer frente a los proyectos extractivos que ponen en riesgo la vida social, ambiental y cultural de 60 mil hablantes zoques”.

 

Pues, a pesar del discurso mediático a favor de la minería, el pueblo Zoque ha identificado plenamente el riesgo que sobre él se dirige, a partir de la Reforma Energética impulsada por el actual Gobierno Federal. Denunciando que: “Sobre nuestros territorios la amenaza es real por las 11 concesiones mineras otorgadas por el Gobierno con un total de 70 mil hectáreas”. Ya se encuentra en operación la Minera Frisco en Solosuchiapa, propiedad de Carlos Slim. “En total más de 180 mil hectáreas de montañas de niebla, manantiales, ríos, tierras ejidales y espacios simbólicos se encuentran amenazadas por los proyectos extractivos”.

 

Por otra parte, hace unos días, se dio a conocer el triunfo que obtuvo la comunidadMe’phaa de San Miguel del Progreso en el estado de Guerrero sobre la industria minera. Al obtener el amparo contra la Declaratoria de Libertad de Terrenos que emitió la Secretaría de Economía en 2015, con la que violó sus derechos colectivos constitucionales.

 

Pues, sin el consentimiento de las comunidades que viven en la Montaña y la Costa Chica de Guerrero, el gobierno federal otorgó 44 concesiones a empresas mineras. Lo anterior, es un logro inédito en la defensa del territorio y la vida frente a la amenaza de la máquina de muerte que es la minería y, sobre todo, cuando es a cielo abierto. Dos ejemplos que hay que saber y sentir que marcan un curso para lo que se viene a gran parte de los territorios de naciones originarias que han gritado: ¡Ya basta!

 

El autor es de origen Ñuu Savi y académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación con la opción terminal de Comunicación Política por la FCPyS; Maestro en Comunicación y Política; y Doctor en Ciencias Sociales con especialidad en Comunicación y Política por la UAM Xochimilco (tolevi@hotmail.com).