Ernesto Martínez Elorriaga
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Ernesto Martínez Elorriaga/Quadratín Debate

 

 

Morelia, Mich., 9 de agosto, 2018.-Se dice fácil, pero después de haber recorrido todo el país, incluso en varias ocasiones, durante más de una década, sin duda es todo un reto. Sobre todo cuando las puertas de la llamada democracia se encontraban cerradas o a medio abrir.

 

Algunos criticaron a Obrador porque no se explicaban de dónde salían los recursos para moverse al menos cinco días a la semana por cada uno de los caminos de México. Nunca viajó en avión ni se hospedó en hoteles de lujo. Fue en dos camionetas, una donde iba él y otra donde se transportaban sus colaboradores.

 

Ya en campaña, el ahora presidente electo se autodefinió como “terco”. Cualquiera otro hubiera colgado la toalla, después de dos elecciones fraudulentas, pero él no lo hizo, a pesar de que en un inicio el respaldo no era el deseado.

 

Finalmente ganó, y de la única forma como le reconocerían el triunfo: arrasando. Coincidió con el truene total de la mayoría de los mexicanos que ya estaban hasta el gorro de todo el sistema de partidos y grupos de poder.

 

Este miércoles, al recibir la constancia de mayoría,  Obrador reconoció que la gente votó por un gobierno honrado y justo. “En mi  interpretación, la mayoría de los ciudadanos mexicanos están hartos de   la prepotencia, el influyentismo, la deshonestidad y la ineficiencia,  y desean con toda el alma poner fin a la corrupción y a la impunidad”.

Dijo que millones de compatriotas aspiran vivir en una sociedad mejor, sin la   monstruosa desigualdad económica y social que padecemos. “Ha sido muy  satisfactorio constatar que incluso los sectores de clase media y no  pocos de los más acaudalados  manifestaran con su voto  el deseo de  mejorar la situación del prójimo y su  acuerdo en el principio de que
el gobierno ha de representar a todos, pero que debe dar preferencia a  los olvidados y a los más pobres de México”.

Dijo que la gente está en contra de la violencia  y la política de seguridad, por lo que es necesario atender las causas que la originan y  reformular la política de seguridad, hoy centrada casi exclusivamente   en el uso de la fuerza, “a fin de construir la reconciliación nacional  en el bienestar y en la justicia”.

Indicó que “los mexicanos votaron también para que se ponga fin a las imposiciones
y los fraudes electorales. Quieren castigo por igual para políticos  corruptos y para delincuentes comunes o de cuello blanco.

La ciudadanía   plasmó en su sufragio el anhelo de que los encargados  de impartir justicia no actúen por consigna y que tengan el arrojo de sentirse libres para aplicar sin   cortapisas ni servilismos el principio de que al margen de la ley,  nada, y por encima de la ley, nadie”.

Sostuvo que en el nuevo gobierno, “el Presidente de la república no tendrá palomas   mensajeras ni halcones amenazantes; ninguna autoridad encargada de  impartir justicia será objeto de presiones ni de peticiones ilegítimas  cuando esté trabajando en el análisis, elaboración o ejecución de sus  dictámenes y habrá absoluto respeto por sus veredictos”.

López Obrador reiteró: “voy a cumplir todos los compromisos de campaña, no le voy a   fallar a los ciudadanos y habré de ser fiel en todos mis actos al  interés, la voluntad y el bienestar del único que manda en este país: el pueblo de México”.

 

No ha quitado el dedo del renglón, así que hay que darle tiempo, primero que tome posesión como Presidente y luego a que ponga en marcha las primeras políticas públicas encaminadas a la transformación del país.